Los tambos

Escrito por elsouldelperezoso 27-03-2012 en General. Comentarios (0)

 

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 

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Es cierto que es remolón. Él va a su aire, la cola es pecho como repetía esa coletilla de su padre. Siente que unas hormigas traviesas caminan por sus cerdas, seguro que se han perdido y no hallan el camino. No les hace puñetero caso, felizmente que no son esos curuhuinsis que si dan mordiscos. Se sacude y las hormigas caen en una de las ramas del árbol. Al mediodía quiso pegar ojo, una siesta pero los ahogos del alma pudieron con él. Anda despierto y el sueño por las noches es muy ligero, al mínimo ruido se despierta. Toma el té que le recomendó la abuela para dormir y no logra vencer la ansiedad, sus ojos están como unos platos y las ojeras cada vez más oscuras. Rebusca las imágenes y mira una de ellas como si fuera un boleto de la lotería. Muestra una escena feliz y casi fraterna. Los tambos eran sitios para el descanso, en el caucho estos eran usados como almacenes donde depositaban lo que extraían los indios del bosque, el preciado oro blanco, y también como espacio para el respiro, ¿podían respirar con tantas muertes? Cuentan testigos que el aire era irrespirable, hedía a carne chamuscada y descompuesta. Los charcos se tiñeron de rojo. Los atardeceres rojizos y dulces sabían amargos como la mermelada de naranja. El techo de hojas de irapay de la foto daba la impresión de frescor. Hay seis personajes en la fotografía. Una mujer de color canela quien les proveía de cuidados y alimentos, de vestido largo oscuro y sin zapatos. Casi todos se fijan su atención en el lente del fotógrafo, salvo el mayoral de traje blanco, corbata oscura y botas. Mira a un lado diferente de la cámara. La muchacha lleva entre manos un mantel. Los rostros de los trabajadores de estas estancias caucheras derrochan bonhomía, parecen no matar ni una mosca y son buena gente. Aunque la realidad les de un tortazo en la cara y negaba esa quietud. Los he visto desollar indios, robar niños y niñas. ¿Por qué tanto empeño en ese doble discurso? Hummmmm se rascó la cabeza.