El jefe/The boss

Escrito por elsouldelperezoso 25-03-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente. Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 

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Desde la copa de los árboles miró al río lleno de recodos. A lo lejos divisaba una lancha que traqueteaba al surcar las aguas, vienen más turistas indicó con resignación. Me cansan, clic, clic, clic. Suenan monótonamente esas máquinas fotográficas como si fueran disparos. Con ellos desaparece la intimidad. Sus halagos son empalagosos y con tonillo de urbanitas culposos. Así todos los días. Agota. Se bajó a comer al mediodía y se embuchó un banquete pantagruélico de vegetariano, comió hasta reventar. Volvió a montarse sobre el tallo del árbol y encaminarse a lo alto. En su camino las hormigas no cesaban de subir y bajar, no descansan nunca. No conocen el ocio, restregó con ironía. Se sentó al lado de las fotos. Suspiró. Le daba vueltas a lo que veía en esas imágenes. Sacaba cuentas que desde que repasaba las fotos se le cortó las ganas de dormir. Se despertaba con alucinaciones. Se pasará, chasqueó. Esta vez escogió una en la que salía El jefe en una de las estancias, no se sabe cual ¿Abisinia?, ¿Matanzas? ¿Andoques? ¿Atenas? Sí, el mandamás de la Peruvian. Ese señor atildado de bigotes mostachos que no mira al retratista. De corbata oscura y traje blanco. Es como si estuviera despistado, en otro mundo ¿pensando en los juicios penales en Isla Grande?, ¿en el rédito del negocio de la goma?, ¿de la venta de sus acciones en Londres? Está rodeado de capataces y de trabajadores indios. También de otras personas que por la vestimenta parecen militares y patas con unos sombreros de viajeros ingleses colonialistas. Entre los trabajadores que llevaban sombrero aparecía quién salió en la tercera fotografía de esta bitácora [Los ancestros]. Los indígenas en su mayoría niños y adolescentes. Hay pocos adultos, contados con los dedos de la mano. Hay un personaje de traje oscuro arrimado a un tallo de árbol. En actitud chulesca, que él está por encima de Dios y de las leyes. No mira al fotógrafo, está envanecido de su ego. Se quiere alejar de lo que se está retratando, esa escoria podría decir. Hay niñas indígenas a los pies del jefe y de los otros mayorales, ¿nos quieren decir algo que estén sentadas como a pie de página? ¿Eran Taga, Josefina, Saturia o Virginia? Mueve la cabeza. Eructa. Se pone serio, ¿Qué nos quiere mostrar?, ¿Una alianza armoniosa de civilización y mansos salvajes? Pero si fue todo lo contrario, el terror encharcó estos bosques. De golpe le vino un repentino dolor de cabeza y añoró el café que le preparaba la abuela en su exilio por la selva.