El soul del perezoso/ The soul of the sluggard

Los párvulos

Escrito por elsouldelperezoso 06-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 


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En la espesura del bosque el tucán le traía los cotilleos y novelas. Buceaba en ellas. Las novelas eran azucarcillos que levantaban el alma, murmuraba en el silencio del monte, los cotilleos eran para olvidar. Gracias a esas páginas que leía se inventaba momentos, caminos, rutas. Se imaginaba en otro país, no en esa comarca del sufrimiento como se observaban en esas engañosas fotografías de Silvino Santos, pariente político del Gran Jefe con bigotes. Esta vez el lente del retratista se posaba sobre los niños. Todos subidos a la segunda planta de una de las casas de la estancia – es la misma en la que salen casi todos los fotografiados, ¿Dónde sería? Eran  los retratados varones salvo la chica que sale abajo, en cuclillas y miraba a la cámara. Los niños para posar se subieron a un banquillo sino no salían por los bardales que tenían delante ¿Cuál era la intención de la imagen? Presentar el infierno como paraíso, se mostraban a los angelotes ¿Quién no se encoje ante el rostro de un niño? Buscaba eso, conmover, generar compasión, que esos niños están allí felices. Son trece niños y más la “intrusa” que está debajo de ellos. Ella sin querer hurta el momento. Hace que la mirada no vaya a los niños sino a ella ¿qué hace por allí? ¿Se le pasó al fotógrafo? Esas imágenes nos llenan de preguntas.

La maloca y el manguaré

Escrito por elsouldelperezoso 05-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 


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Se dio cuenta que desde que despertó, por la algaraza y los gritos de desesperación de hombres, mujeres y niños, no volvió a ser el mismo es como si estuviera dentro de otro cuerpo. Sus dedos torpes sin la destreza de antes, le dolían las rodillas ¿será la artrosis que le dijo guasonamente el médico?, se levantaba con lentitud. Se palpaba y notaba cada vez menos cerdas, ¿será la alopecia del pesimismo?, ¿una obsesión más? se preguntó con sorna. El monte le parecía huraño, esquivo y le dio un poco de grima. Lo pensaba dos veces antes de ir a él, era de risa pero si siempre viví en él. Se imaginaba que en cualquier momento en la quietud de la algaida aparecía un cazador con cara de canalla y lo arranchaba de la rama mientras soñaba, claro terminaría a la brasa en cualquier cocina. Le atormentó pensar esa posibilidad infernal, cuantos han terminado así, recapacitó. Dormían sin hacer daño a nadie y acabaron en el menú de cualquier hogar de estos ribereños. No seas pejiguera se fustigó. Y miró a los protagonistas de la foto. Eran indios con diferentes trajes desde taparrabos hasta vestidos que cubrían sus partes. Hay uno de ellos que con sutileza se cubre con las manos parte de su pubis. Hay personas con varas, sombreros, eso sí, todos descalzos. El protagonista de la foto es un objeto, sí, es el tambor, el atabal, el manguaré ¿serán la hembra y el macho? Hay un niño en el medio de ambos. Han levantado los manguarés con palos y cuerdas para poder mostrarlos. Eran esos que volvían locos a los caucheros. A través de ellos se comunicaban. Se mandaban mensajes y los caucheros pensaban que incitaban a la rebelión como la de Katenere, por eso mandaban matar a quien tocara esos instrumentos. Los manguarés descansan en la maloca, es el lugar de preferencia, por eso el retratista quiso darle una dosis de realidad y los plasmó allí junto a los indios. El se puso serio y bramó, esos tambores eran los artífices de la rebelión silenciosa, aquellos que hicieron caer muros y conciencias.

Los bailes de los salvajes

Escrito por elsouldelperezoso 04-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 


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Se enrabietó y se rascó la espalda con furia con el tronco, no hay turista que se precie que no vea bailar a los Uitoto alrededor de una maloca, refunfuñó. Se tocó la nariz húmeda. Siguió en su perorata, lo siguen haciendo por el río Momón. En Pucaurquillo, por el Ampiyacu o cuando el Alcalde los contrata para recibir a los turistas a la ciudad del amor como también se le conoce a Isla Grande. Aunque a veces, más que amor hay sexo, sí, el negocio del sexo y de los pederastas que andan a sus anchas, con impunidad. Respira, toma aire, siente a ratos que las fotografías se empecinan en señalar un camino pero al mirarlas se da cuenta que hay otros senderos de interpretación. Es una visión feble del caucho que nos intenta convencer el pariente del Gran Jefe pero que se desploma al aguzar cada foto. Se observa un grupo grande de bailarines con taparrabos, con unas varas largas, seguramente, cantando como aquella vez en la maloca de Pucaurquillo mambeando coca y comiendo yuca dulce con frutos silvestres, la boca se le hacía agua. Muchos jóvenes y niños. Algunos se ponen la gorra de los caucheros, es más, uno de los jefes aparece con gorra y vestido de blanco. Él es el más alto, lo mira desde una tarima. Es una fiesta ad hoc montada para el retratista visitante. A la vista no aparecen mujeres ¿te acuerdas de Rosa la que vivía en Betania?

 

Las salvajes

Escrito por elsouldelperezoso 03-04-2012 en General. Comentarios (0)


Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 


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Las mujeres anteriores eran muchachas jóvenes y con trajes. Tapaban su humanidad. Dóciles. Retratadas en mansedumbre en el redil del hogar, es decir, en las tareas clásicas de la mujer [¿los costes invisibles del trabajo del hogar?]. En otras, emperifolladas como si fueran a un evento en el incendiado teatro Alambra, con glamour, en la plaza Mayor de Isla Grande. Entre murmullos se escuchaba, ¿Qué hace esa india por aquí? La mona por más que se vista de seda, mona se queda, lanzó el dardo la mujer del prefecto, ella la miró e ignoró ¿Escucharían canciones de Caruso?, ¿De Bach? Era música de la civilización, pronunció con cierto aire de superioridad el Capitán del viejo astillero. Pero esta vez el fotógrafo no se le ocurrió otra cosa que retratar a la mujer en estado naturaleza, a la salvaje. Desnuda. Sus senos son del color del zapote. Muchas de vientres mullidos y miradas de resignación, algunas miran al suelo y es pleno día ¿los hombres salieron a mirarlas antes del clic?, ¿las avergonzaron? Con cara de niñas o menores de veinte años. Sus cuerpos están untados de huito. Con dolor miraba y exclamó, hay muchas crías desprotegidas. Algunas cubrían sus pechos con llanchama. ¿Le explotó la libido al fotógrafo? ¿Estas mujeres eran –para los caucheros y el fotógrafo- diferentes de las otras?, ¿la falsa dicotomía naturaleza/civilización? Acaso no era más salvaje el fotógrafo al retratar seres indefensos. Carraspeó, respiró, no pudo contenerse y le saltó una lágrima.

Las huambras 3

Escrito por elsouldelperezoso 02-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 

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¿Por qué la obsesión del fotógrafo de retratar a féminas?, se preguntó, mientras repasaba a las otras retratadas. El tucán le comentó que leyó en uno de los informes de las federaciones del Ampiyacu, FECONA, que el río cada vez trae menos agua ¿el efecto invernadero? De lo que va hemos visto a lavanderas, mujeres de caucheros, chicas del servicio en las caucherías. ¿Impresionaron al fotógrafo como a los caucheros que muchos perdieron la cabeza por ellas? ¿Afloró el sentimiento de culpa? ¿Quería reparar un daño? La chica retratada lucía vestido oscuro, con figuras geométricas por el cuello y no llevaba zapatos. Pisaba el suelo, ese suelo manchado de sangre, de sudor y lágrimas. Es terrenal como terrenal es el hijo o hija que lleva en el vientre. Muchas de ellas sufrieron estupro, violaciones, muertes. ¿El hijo era de un cauchero?, ¿de un paisano?, se sabe muy poco. ¿Era una rabona? Aquellas chicas que a voluntad o forzadas acompañaban a los soldados, esta vez a los caucheros. Pero hasta ahora las mujeres no han hablado lo suficiente sobre este fiero episodio gomero. Si ellas pidieran la palabra que más cosas se sabrían. Sonrió, es una ligera esperanza que rompieran la afonía.