El soul del perezoso/ The soul of the sluggard

Amargo epílogo

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 


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Se recriminó que este insomnio no tenga remedio, sí, paliativos en el corto plazo. Se río con resignación y un hálito de esperanza, al menos es que gracias a las mercedes de esos desvelos ha podido meterse en el país de la goma a través de esas fotos. No eran imágenes inocentes, ninguna lo es. Su intencionalidad era limpiar del légamo a esos hombres de traje blanco, bigotes y corbata. En el viejo puerto perseguían a un magistrado que trataba de investigar esos casos, eran mentiras, calumnias sin fundamento insinuaban. Por eso el fotógrafo. Pero esas fotos se torcieron, por ellas se ha embarrado, enlodado en esas tierras del dolor aunque el fotógrafo- retratista sostenga lo contrario. En la fotografía como en una vorágine de imágenes en pocos segundos mira a: Niños. Niña desnuda en primer plano. Críos y crías en cuclillas y vestidos. Chiquillos con fusiles. Parece un jardín de la infancia por la edad de los/las retratados [los fusiles deslucen esa imagen de inocencia que quiso barnizar el paparazzi]. Muy detrás en la primera planta de la casa de techo de irapay un capataz vestido de blanco, como un Gran Hermano vigilando que es lo que hacen. Se palpó la humedad, sus cerdas estaban mojadas por el rocío madrugador. Desde la rama de este viejo cedro miró al horizonte y un amargor le inundó el cuerpo, las injusticias del ayer siguen pasando hoy. No hay justicia poética. Las petroleras ignoran que los ríos anden contaminados y desdeñan las quejas de los sufridos reclamantes; que las empresas de turismo invadan territorios ancestrales con el beneplácito de propios y extraños, nadie les consulta nada. Se acurrucó en una esquina y cerró los ojos pero no pudo encontrar sueño.

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