El soul del perezoso/ The soul of the sluggard

ESTRAMBOTE

Escrito por elsouldelperezoso 27-09-2012 en General. Comentarios (0)

El propósito de este blog ha sido acompañar la presentación de la trilogía "El insomnio del perezoso" que se presentó en Madrid en abril de 2012. Las apostillas contaban con las imágenes hechas por el fotógrafo y cineasta Silvino Santos del libro que publicó la editorial Tierra Nueva "Época del caucho: Retratos del horror", con los comentarios del escritor Percy Vílchez Vela. En esta bicátora se trata de aliñar fotografía, el caucho y la literatura, espero haberlo conseguido.

 

Miguel Donayre Pinedo

 

 

 

 

¿Justicia poética?

Escrito por elsouldelperezoso 15-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 

 


El odio racial es una mancha y una peste que impide ver
a los demás como seres individuales con quienes
se comparte una humanidad común.
Martha Nussbaum

 

 

 

 

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¿Habrá justicia para ellos? Digo para este muchacho y muchacha que salen en la foto, escupe la pregunta y su corazón se llena de desazón. Ella con un pedazo de llamchama que cubre su pecho y él como si fuera de cacería al monte o a recolectar frutos de los árboles. Lamentablemente, lo que ha primado es el olvido, el echarse al olvido. El pasar página o simplemente negarlo. “Son alucinaciones bajo el imperio de la ayahuasca”, refunfuñaba el otro día un joven líder político cortejado por cártel de empresas forestales y de turismo. Eso nunca ocurrió, son comentarios interesados en levantar una leyenda negra contra esos pros hombres de éstas selvas. Eran abnegados patriotas. Entre esos ditirambos se entiende mejor el actuar sibilino y, a la vez, doloso del fotógrafo. Su estrategia falló. Sin querer éstas fotos han contribuido con esa pequeña e ínfima cuota de justicia poética. Sí, mostraba a los no ostensibles en un mundo aparentemente idílico, como se puede deducir por los retratos. Aunque ellos no compartían la humanidad común, eran los buenos salvajes. Quería exhibir a patrones comprensivos cuando se sabe que era todo lo contrario. A estas imágenes hay que interpretarlas en la dirección contraria, es lo que pasó. Se restregó los labios secos. Abrió más los ojos, comprendió ser el reo de la noche que no duerme. Nos falta exorcizar nuestro pasado, chasqueó. Para nuestra desgracia, la memoria sigue embarullada en la selva. Pero la esperanza que pueda cambiar sigue incólume como el croar de las ranas en el estanque que no se apaguen como los sonidos de los manguarés.

Amargo epílogo

Escrito por elsouldelperezoso 14-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 


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Se recriminó que este insomnio no tenga remedio, sí, paliativos en el corto plazo. Se río con resignación y un hálito de esperanza, al menos es que gracias a las mercedes de esos desvelos ha podido meterse en el país de la goma a través de esas fotos. No eran imágenes inocentes, ninguna lo es. Su intencionalidad era limpiar del légamo a esos hombres de traje blanco, bigotes y corbata. En el viejo puerto perseguían a un magistrado que trataba de investigar esos casos, eran mentiras, calumnias sin fundamento insinuaban. Por eso el fotógrafo. Pero esas fotos se torcieron, por ellas se ha embarrado, enlodado en esas tierras del dolor aunque el fotógrafo- retratista sostenga lo contrario. En la fotografía como en una vorágine de imágenes en pocos segundos mira a: Niños. Niña desnuda en primer plano. Críos y crías en cuclillas y vestidos. Chiquillos con fusiles. Parece un jardín de la infancia por la edad de los/las retratados [los fusiles deslucen esa imagen de inocencia que quiso barnizar el paparazzi]. Muy detrás en la primera planta de la casa de techo de irapay un capataz vestido de blanco, como un Gran Hermano vigilando que es lo que hacen. Se palpó la humedad, sus cerdas estaban mojadas por el rocío madrugador. Desde la rama de este viejo cedro miró al horizonte y un amargor le inundó el cuerpo, las injusticias del ayer siguen pasando hoy. No hay justicia poética. Las petroleras ignoran que los ríos anden contaminados y desdeñan las quejas de los sufridos reclamantes; que las empresas de turismo invadan territorios ancestrales con el beneplácito de propios y extraños, nadie les consulta nada. Se acurrucó en una esquina y cerró los ojos pero no pudo encontrar sueño.

Tristes Trópicos III

Escrito por elsouldelperezoso 13-04-2012 en General. Comentarios (0)

Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 

 

 

 

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Que fijación de retratar a los hombres y mujeres Uitoto en taparrabos y a las hembras mostrando sus senos y partes pudendas, es que así son estos salvajes. No tienen vergüenza rezongaba un cura y cerraba los ojos a medias al mirarlos. Varios de esos hombres semidesnudos portan escopetas, hasta seis rifles, ¿cómo se traduce eso?, ¿no eran salvajes?, ¿eran los racionales camino a la civilización?, ¿son las carabinas que usaban contra sus propios compañeros o era para cazar en el monte? La construcción que está detrás es una maloca ¿es la misma donde retrataron al manguaré?  Los que están sentados al pie de los hombres y mujeres parados son, en su mayoría, críos. Hay una madre en cuclillas con su niño. Y en el medio y desperdigados hay capataces vestidos de blanco y sombrero, uno de ellos barbado y el otro con bigotes. Para el fotógrafo en esta parte del país de los horrores la situación estaba en calma aunque parece una calma chicha.

Tristes Trópicos II

Escrito por elsouldelperezoso 12-04-2012 en General. Comentarios (0)


Fuente: Época del caucho: imágenes del horror

 


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Son diez hombres del monte retratados, en un rincón de la cauchería. De los diez tres son adultos, se deduce por el sufrimiento de sus rostros, pero el resto son jóvenes y niños al servicio del descepe de la goma –uno de ellos a la defensiva con los brazos cruzados en el pecho. Sus miradas no son de felicidad, es de resignación. Vestidos con taparrabos, en estado de naturaleza. Claro, las intenciones del fotógrafo de las que está empedrado el infierno, cambian de tornas. La imagen se convierte en una prueba irrefutable de la explotación de menores. Exhibe a seres vulnerables y, según la intención caritativa, salvajes. Que están en camino a ser domeñados. Uno de ellos, él que está en el primer plano parece, por la forma de sus mofletes, que está mambeando coca, su memoria de cine recordaba la coca aquella vez en el baile de las frutas en una gran maloca, sonríe, su nariz está siempre mojada. Pero la idea de fotografiar a esos salvajes, ¿en estado puro?, tiene una gran debilidad. El dato arde. No han sido retratados en su hábitat sino en el rincón de una estancia, detrás de una casa ¿la casa de los horrores?